Remors de la 425 - El frío
No recuerdo haber escrito antes en castellano; no me acabo de sentir cómodo. Difícil no estar rodeado de él y se convierta en vehículo receptor de miles de informaciones. Però no de generarlas. No cuando salen de mi.
Pero, por una vez, no salían de mi, me traspasaban. Todo nació en un viejo y destartalado pasillo. Vidrio a lado y lado. En uno, el invierno de una ciudad helada. En el otro, el calor humano que lucha y busca el contacto para sentirse (y hacer sentir) mejor.
En medio, frío. Mucho frío.
Cada mañana, tarde y noche, allí, mirándote. Adivinando cada gesto y palabra de los que te rodeaban para ilusionarse o hundirse. Y alrededor, el frío, dentro, muy a dentro.
En ese pasillo se me helaron cintos de lágrimas pero no pudieron con mi calor de esperanza. Tu luchabas y no nos permitimos dejar de creer en el ardor de la victoria. El frío se hacía cada día mayor, impuso su majestuosidad de campo nevado. Pero nos llegó nuestra primavera que, como todas, fue con pequeños brotes verdes.
Ahora que el jardín está rebosante de vida; me gusta guardar dentro de mi el frío y conjurarme para cuando vuelva; eso sí, esperemos que mucho más templado.



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